Miedo escénico
12, 31 de 2005-01-31 de 2005
Hoy he experimentado por primera vez el miedo escénico, y ha sido ante un examen.
Ni delante del público antes de actuar o cantar, ni frente a una declaración amorosa, tampoco delante del equipo rival en un partido decisivo. Ha sido en un examen.
Es una sensación curiosa, un nudo en el estómago, nerviosismo, inseguridad personal, y, ¿cuál ha sido mi solución?
Huir.
Demasiadas esperanzas puestas en mí. Me sentía más segura cuando estaba convencida de que nadie daba un duro por mí, cuando no iba a clase y no me preocupaba el aprobar o suspender, cuando no me preocupaba el fallarle a alguien. Entonces me presentaba a las pruebas, sin tener ni pajolera idea, medio intuía, medio inventaba las respuestas y tarde o temprano aprobaba.
Y así he llegado hasta donde he llegado, a trompicones, con una impotencia psicológica que no me permite concentrarme en estudiar, supongo que causada por el orgullo que me impide gastar fuerzas en un examen para no fallarme a mí misma si no consigo sacar buena nota.
(Ese mismo dia, mas tarde)
Por fortuna mi ninfa siempre consigue animarme. Asi que despues de desahogarme con ella, la dejo a las puertas de un examen y me voy a pasear.
Pienso en meterme a un bar a tomarme unas cervezas, pero a las 12 no queda muy sano y tengo que ahorrar para el piso, asi que me siento en un banco a compadecerme de mi misma y a observar a la gente, que sale mas barato. Cuando me doy cuenta de que el frio que me entra por las rendijas del abrigo me ha galvanizado la parte en la que la espalda pierde su honroso nombre, me levanto y me aventuro a buscar un cibercafe.
En este barrio, el unico decente esta cerrado y ya solo abre por las tardes. Pero la desesperacion puede conmigo y aqui estoy, en un locutorio-cibercafe de rumanos, sin casi calefaccion, usando un Pentium II, un teclado sucio, sin tildes y desconfigurado, y un monitor que cambia de color y pasa por toda la gama de verdes.
Pero por lo menos ahora aparte de la cabeza, tengo el culo caliente.
Ni delante del público antes de actuar o cantar, ni frente a una declaración amorosa, tampoco delante del equipo rival en un partido decisivo. Ha sido en un examen.
Es una sensación curiosa, un nudo en el estómago, nerviosismo, inseguridad personal, y, ¿cuál ha sido mi solución?
Huir.
Demasiadas esperanzas puestas en mí. Me sentía más segura cuando estaba convencida de que nadie daba un duro por mí, cuando no iba a clase y no me preocupaba el aprobar o suspender, cuando no me preocupaba el fallarle a alguien. Entonces me presentaba a las pruebas, sin tener ni pajolera idea, medio intuía, medio inventaba las respuestas y tarde o temprano aprobaba.
Y así he llegado hasta donde he llegado, a trompicones, con una impotencia psicológica que no me permite concentrarme en estudiar, supongo que causada por el orgullo que me impide gastar fuerzas en un examen para no fallarme a mí misma si no consigo sacar buena nota.
(Ese mismo dia, mas tarde)
Por fortuna mi ninfa siempre consigue animarme. Asi que despues de desahogarme con ella, la dejo a las puertas de un examen y me voy a pasear.
Pienso en meterme a un bar a tomarme unas cervezas, pero a las 12 no queda muy sano y tengo que ahorrar para el piso, asi que me siento en un banco a compadecerme de mi misma y a observar a la gente, que sale mas barato. Cuando me doy cuenta de que el frio que me entra por las rendijas del abrigo me ha galvanizado la parte en la que la espalda pierde su honroso nombre, me levanto y me aventuro a buscar un cibercafe.
En este barrio, el unico decente esta cerrado y ya solo abre por las tardes. Pero la desesperacion puede conmigo y aqui estoy, en un locutorio-cibercafe de rumanos, sin casi calefaccion, usando un Pentium II, un teclado sucio, sin tildes y desconfigurado, y un monitor que cambia de color y pasa por toda la gama de verdes.
Pero por lo menos ahora aparte de la cabeza, tengo el culo caliente.








holas. me gusta tu blog, a ver si me paso más a menudo. en realidad este comentario es un poco absurdo, sólo para decirte que la suerte (o desgracia, depende de cómo se mire) que tenemos algunos es que los únicos que han esperado algo de nosotros somos, precisamente, nosotros mismos. supongo que eso te quita algún peso. por cierto, a qué juegas? Kissus
Totalmente de acuerdo Meggan. Jugué durante 10 años al balonmano, pero lo dejé por una lesión. Pásate por aquí cuando quieras, se actualiza casi cada día.
vaya :( yo jugué durante 8 a baloncesto, y lo dejé porque me quitaba muchísimo tiempo para estudiar, un gran error por mi parte, ahora lo echo un montón de menos. me pasaré, me pasaré, ya estás incluida en mi gira blogera de cada día :P nos leemos.